Un nuevo futuro para el mundo rural / Un nuebo futuro ta o mundo rural

por Miguel Martínez Tomey

02072011330 Hablaba en mi anterior artículo (“La despoblación por fín en la agenda política de la UE”) de que hemos de movernos rápido y con planteamientos realistas para obtener medidas que funcionen, que realmente cambien las cosas y hagan que el medio rural se rejuvenezca y crezca en vez de envejecer y menguar. Si seguimos haciendo lo de siempre o, peor aún, construyendo fantásticos castillos en el aire hechos de millonadas de dinero europeo estaremos abocados a otro fracaso. Y ya no nos queda tiempo para más fracasos. No es el momento de discutir entre nosotros, ni de asegurar parcelas exclusivas, ni de usar este asunto como argumento para el oportunismo, la trifulca o el sectarismo político, asociativo, corporativo o de cualquier tipo: hemos de remar todos en la misma dirección. Hemos de centrarnos en buscar resultados para nuestras zonas más castigadas y vulnerables, de forma que las que también están empezando a arrastrar problemas similares cuenten con referentes de buenas prácticas con los que empezar a trabajar utilizando los recursos y ventajas de los que todavía disponen. Nuestra triste experiencia demuestra cómo se pueden despilfarrar millones sin obtener apenas resultados. Nuestro problema –y, por lo tanto, nuestro objetivo- no ha de ser el dinero, sino el saber utilizarlo bien para detener y revertir el proceso de desguace integral de nuestro medio rural. Y, visto el contexto financiero europeo que confrontamos, no será pidiendo dinero a capazos como conseguiremos que Europa abra la puerta a nuestras propuestas.

Pero… ¿de qué propuestas estaríamos hablando? Aún es necesario concretarlas con precisión pero, atendiendo a la experiencia de quienes han logrado hacer crecer la vida humana y la prosperidad económica en zonas que ya se daban por perdidas, deberemos empezar a pensar en desarrollar un largo y paciente trabajo con las comunidades locales; también con quienes marcharon de sus pueblos pero mantienen una vinculación y un compromiso con ellos; y, desde luego, con quienes estén donde estén muestran interés por vivir, trabajar y estar conectados con el mundo de hoy como lo harían en una ciudad pero disfrutando de un entorno de alta calidad de vida en el medio rural.

También habrá que tomarse muy en serio el apoyo a la economía social, a los proyectos comunitarios bien adaptados a las realidades del medio rural y a repensar, reformar (o crear) y potenciar agencias específicas de desarrollo para estas zonas y escuelas de emprendimiento rural. Hablamos también de la potenciación de los activos endógenos del territorio (cultura, patrimonio material e inmaterial, lengua, tradiciones, paisaje, naturaleza), de la utilización sostenible de los recursos naturales en el marco de una economía cada vez más verde, de las energías renovables, del teletrabajo, de la innovación tecnológica y su aplicación, de la creatividad en su sentido más amplio. Y, desde luego, de la transformación de los modos de vida de los pueblos, del papel de las mujeres y de los hombres en un marco de igualdad, de la priorización de la familia y de un entorno laboral y social propicio para la maternidad, la paternidad y la infancia, del estímulo a la participación y el compromiso con la propia comunidad. Y ¿por qué no?: de un renacido sentido de orgullo rural fruto del amor propio, del gusto por las cosas bien hechas, del cariño a la tierra y a todas las personas que quieran venir a poblarla con su presencia y sus ideas.

El nuevo modelo de desarrollo rural habrá de partir del factor humano, de personas con nombres y apellidos. Las que viven en estas zonas y de las que, si hacemos bien las cosas, habrán de ir a vivir a ellas (¡aunque no lo sepan todavía!). Proyectos personales de vida que puedan contar con apoyo moral, técnico y (solo limitadamente) financiero al nuevo emprendimiento, que cuenten con un marco normativo que, tras ser necesariamente auditado y reformado, ayude en vez de entorpecer y “castigar” a quienes se atreven a emprender en las duras condiciones y con las enormes limitaciones existentes en estos territorios. Ideas, negocios y empleos que han de ser autosostenibles o no han de ser. Familias y vidas que, con el debido concurso de la acción de las administraciones públicas en la prestación de los servicios, equipamientos e infraestructuras esenciales, han de lograr que las formas de vida, las oportunidades y las comodidades en el medio rural sean en todo lo posible equiparables a las que disfrutan quienes viven en las ciudades.

Debemos ser capaces de romper con los clichés tradicionales sobre el mundo rural. Hoy día el sector agrario supone apenas un 2% del PIB de la Unión Europea: no tiene ningún sentido esperar que con tan escaso porcentaje de la riqueza se mantenga o crezca nuestra población rural. Y aunque el sector primario seguirá siendo muy importante, nuestros esfuerzos habrán de aplicarse en lograr que en el mundo rural reproduzcamos los mismos patrones económicos y sociales que rigen en el medio urbano. Los avances tecnológicos, internet, las mejores comunicaciones, un marco normativo adaptado y una adecuada planificación en la ordenación del territorio pueden hacerlo posible. Vivir en un pueblo ya no es tan duro e ingrato como lo era antaño. Y trabajar en un pueblo y -para el resto del mundo- desde un pueblo no solo no es imposible: muchos casos demuestran que a menudo es incluso mejor que hacerlo en una ciudad. Pero esto aún no lo sabemos o no acabamos de creérnoslo por lo que romper esa barrera psicológica y cultural también habrá de formar parte de la nueva política que haya de construir un nuevo futuro para el mundo rural.

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Fablaba en o mío articlo anterior (“A espoblazión por fin en l’achenda politica d’a UE”) de que emos d’esbellugar ascape e con planteyamientos reyalistas ta otener midas que funzionen, que reyalmén cambeen as cosas e faigan que o meyo rural s’esbielle e crexca en cuenta d’abiellar-se e minguar. Si seguimos fendo ro de sempre u, pior encara, construyindo castiellos en o aire feitos de millonadas de diners europeyo apezonaremos ta atro fracaso. Y ya no nos queda tiempo ta más fracasos. No ye o momento de discutir entre nusatros, ni d’asegurar cados esclusibos, ni de fer serbir iste afer como argumento ta l’oportunismo, a esgarramuzia u o seutarismo politico, asoziatibo, corporatibo y de cualque atra mena: emos de remar toz en a mesma endrezera. Emos de zentrar-nos en buscar resultatos ta ras nuestras zonas más castigatas e bulnerables, de traza que as que tamién son empezipiando á tener problemas semilars cuenten con referens de buenas prauticas con os que empezipiar á treballar fendo serbir os recursos e abentaxas d’os que encara disposan. A nuestra trista esperenzia amuestra cómo se pueden malfurriar millons sin otener guaires resultatos. O nuestro problema -e, por tanto, o nuestro oxetibo- no ha d’estar o dinero, sino saper utilizar-lo bien ta aturar e mantornar o prozeso d’estabornamiento entegral d’o nuestro meyo rural. E, bisto ro contesto finanziero europeyo que confrontamos, no será demandando arsians á capazos como aconsiguiremos que Europa ubra ra puerta á ras nuestras propuestas.

Pero… ¿de qué propuestas estarebanos fablando? Encara cal conretar-las con prezisión pero, atendendo á ra esperenzia de os que han lograto fer crexer a vida umana e a prosperidá economica en zonas que ya se daban por perditas, deberemos empezipiar á pensar en desarrollar un largo e pazién treballo con as comunidaz locals; tamién con os que marchoron d’os suyos lugars pero mantienen un binclo e un embrecamiento con ellos; e, profes, con os que estén do estén amuestran intrés por vivir, treballar y estar coneutatos con o mundo de güei como lo fereban en una ziudá pero esfrutando d’un entorno d’alta calidá de bida en o meyo rural.

Tamién caldrá prener bien en serio o refirme á ra economía sozial, á os proyeutos comunitarios bien adautatos á ras reyalidaz d’o meyo rural e a repensar, reparar (u creyar) e potenziar achenzias espezificas de desarrollo ta istas zonas y escuelas d’entreprendimiento rural. Fablamos tamién d’a potenziazión d’os autibos endochenos d’o territorio (cultura, patrimonio material e inmaterial, luenga, tradizions, paisache, naturaleza), d’a utilizazión sustenible d’os recursos naturals en a bastida d’una economía cada bez más berde, d’as enerchías renobables, d’o teletreballo, d’a inobazión teunolochica e a suya aplicazión, d’a creyatibidá en uo suyo sendito más amplo. E, profes, d’a transformazión d’as farchas de vida d’os lugars, d’o papel d’as mullers e d’os ombres en una bastida d’igualdá, d’a priorizazion d’a familia e d’un entorno laboral e sozial propizio ta ra maternidá, a paternidá e a nineza, d’o endizcamiento d’a partezipazión e o embrecamiento con a propia comunidá. E ¿por qué no?: d’un rebilcato sendito d’argüello rural fruito de l’amor propio, d’o gusto por as cosas bien feitas, d’o cariño á ra tierra e a todas as presonas que quieran benir-se-ne á poblar-la con a suya presenzia e as suyas ideyas.

O nuebo modelo de desarrollo rural abrá de partir d’o fautor umano, de presonas con nombres e renombres. As que biben en istas zonas e as que, si femos bien as cosas, abrán de marchar á bibir-ie (¡mesmo si encara no lo sapen !). Proyeutos presonals de bida que puedan contar con refirme moral, teunico e (solo que limitatamén) finanziero ao nuebo entreprendimiento, que cuenten con una bastida normatiba que, dimpués d’estar nezesariamén auditata e reparata, aduye en cuenta d’estorbar e “castigar” a qui s’atrebe á entreprener en as duras condizions e con as enormes limitazions esistens en istos territorios. Ideyas, negozios y emplegos que han d’estar autosustenibles u no han d’estar. Familias e bidas que, con el debito concurso de l’azión d’as aministrazions publicas en a prestazión d’os serbizios, equipamientos e infrastruturas esenzials, han de lograr que as farchas de bida, as opotunidaz e as comodidaz en o meyo rural sigan en tot ro posible equiparables á ras que espleitan os que biben en as ziudaz.

Debemos estar capables de crebar os clichés tradizionals sobre o mundo rural. Güei día o seutos agrario no guaire suposa bel 2% d’o PIB d’a Unión Europeya: no tiene dengún sendito asperar que con tan radito porzentache d’a riqueza se mantienga u crexca a nuestra poblazión rural. E anque o seutor primario siguirá estando pro importán, os nuestros esfuerzos abrán d’aplicar-sen en lograr que en o mundo rural reproduzcamos os mesmos patrons economicos e sozials que richen en o meyo urbano. Os abanzes teunolochicos, internet, as millors comunicazions, una bastida normatiba adautata e una adecuata planificazión en a ordinazión d’o territorio pueden fer-lo posible. Bibir en un lugar ya no ye tan duro e ingrato como yera antis más. E treballar en un lugar e dende un lugar ta ra propia comunidá e ta o resto d’o mundo no solo no ye imposible: muitos casos contrimuestran que á ormino ye mesmo millor que fer-lo en una ziudá. Pero isto encara no lo sapen as chens u no rematan de creyer-lo, por o que crebar ixe barrache psicolochico e cultural tamién abrá d’estar parti d’a nueba politica que aiga de construyir un nuebo futuro ta o mundo rural.

(Publicado en: Aragón Digital)

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