Zonas escasamente pobladas y severamente despobladas: un problema creciente en la UE / Sparsely populated and severely depopulated areas: a growing problem in the EU

Parlamento Europeo, Bruselas. 1 de junio de 2016 / European Parliament, Brussels. 1 June 2016

20160601_EP-036567A_PGC_0021En la Unión Europea existen amplios territorios con una baja o muy baja densidad de población. Algunos de ellos nunca han estado muy poblados debido a sus extremas condiciones geográficas y/o climáticas. Otros lo estuvieron suficientemente, pero los más vulnerables fueron perdiendo población ya desde la I Revolución Industrial y de forma muy acelerada con los procesos de aglomeración urbana de la segunda mitad del siglo XX. De esta forma se producía una espiral que se retroalimentaba a sí misma: menor población, por salir ésta hacia regiones dinámicas, da lugar a mercados en declive; así, el ahorro y los recursos (como el capital humano) se dirigen a otros lugares, los negocios no reciben nuevas inversiones ni se mantienen, provocando nuevas salidas de sus residentes y una pérdida de atracción para posibles inmigrantes o retornos.

Los modelos de acumulación y desequilibrio, por tanto, predominaron en prácticamente todos los países occidentales durante los períodos de intenso cambio estructural a lo largo del pasado siglo, muy lejos del final feliz de equilibrio y convergencia que auguraban los modelos neoclásicos de crecimiento basado exclusivamente en el mercado. Los territorios con dificultades estructurales, habitualmente ya poco poblados, agravaron sus desequilibrios económicos, sociales y demográficos, carentes de una política regional cohesionadora y coherente. En ese segundo momento se les unieron otras áreas que tampoco lograron diversificar su economía lo suficiente y siguieron dependiendo mayoritariamente de una agricultura cada vez menos rentable y con menos peso en el PIB de todo país desarrollado.

La pérdida de población se produce por la emigración de las personas jóvenes a zonas más prósperas, buscando un proyecto de vida que en sus lugares de origen creen difícil de llevar a cabo, por razones económicas pero tanto o más por cuestiones vinculadas a los valores vigentes y una imagen de éxito profesional y de consumo difícil de culminar allí. Por esas mismas razones, nadie viene ni vendrá de fuera a reemplazarlos. Con ellos se va la población fecunda, los jóvenes emprendedores, la capacidad de generar riqueza e introducir innovaciones y de justificar en términos de rentabilidad la prestación de servicios, la provisión de infraestructuras o las inversiones públicas y privadas habituales en otros lugares. Pero no es sólo el goteo personal; también desaparece una comunidad, unos vínculos que trascienden la estadística y el tiempo, y que acumulaban relaciones, compromisos, anhelos, que eran de todos, de los de antes, de los de ahora y de los que vendrían, pero que con una perspectiva miope dilapidamos en una sola generación. Quienes quedan no encontrarán quien les suceda en sus poco rentables explotaciones agrarias y negocios familiares, y nadie perpetuará el patrimonio inmaterial (cultural, lingüístico, tradicional) ni se preocupará por conservar y poner en valor el patrimonio material (edificios, objetos, paisajes agrarios, artesanías).20160601_EP-036567A_PGC_0191

Sin que ninguna guerra o catástrofe natural haya arrasado esas regiones o acabado con sus habitantes, miles de núcleos de población han quedado desiertos o en ruinas durante el más prolongado periodo de paz y prosperidad jamás conocido en la historia de Europa. Sus escasos habitantes no son pobres: su PIB per cápita suele ser superior a los de las regiones más pobres de la UE, por lo que no suelen beneficiarse de los fondos y medidas destinadas a las regiones menos desarrolladas; su desempleo es claramente inferior a la media, ya que todos los que pierden sus empleos abandonan inmediatamente el territorio, por lo que los fondos destinados a combatir las causas del paro tampoco les llegan; no tienen apenas zonas industriales o urbanas ni las han tenido desde hace mucho la mayoría de ellas, por lo que ninguna acción destinada a revitalizar este tipo de zonas en declive llegará jamás a su territorio; sus explotaciones agrarias y ganaderas están ubicadas en zonas montañosas y/o climáticamente adversas, a cargo de personas de más de 50 años de edad a las que casi ningún joven reemplazará dada su escasa rentabilidad, y muchos otros ya abandonaron hace unos años sus tierras y liquidaron su ganado a cambio de una renta que no servirá para que nadie tome su relevo cuando mueran, de manera que la Política Agrícola Común no ha resultado ser la respuesta que tanto ansiaban. A estas zonas las comunicaciones, la banda ancha de internet o las innovaciones tecnológicas apenas llegan (si es que llegan) y cuando lo hacen es siempre en último lugar, cuando desde hace años ya las disfrutan con cantidad y calidad en los demás territorios.

Por esa razón los criterios, recursos y acciones desarrolladas por la UE y los Estados miembros durante décadas para reducir los desequilibrios regionales, aunque han tenido resultados globalmente positivos, han sido inoperantes en estos territorios afectados por una lacra que, sencillamente, no se encontraba en el diagnóstico de los problemas y ámbitos de la política regional y, por tanto, tampoco en su lista de tareas y objetivos. Se puede decir que estos territorios son verdaderas “zonas de sombra” a las que nunca ha llegado de lleno la luz de la política de cohesión territorial.

La despoblación y el envejecimiento no son sino la consecuencia de un problema de fondo que es de naturaleza económica, política y, especialmente, de valores, de mentalidad en nuestro vivir cotidiano, la cual se agudiza en la era de una globalización y una Nueva Economía que propician la concentración casi exclusiva en el medio urbano y en su periferia inmediata de la gran mayoría de los activos necesarios para el crecimiento, la creatividad y el emprendimiento. Sus efectos son muy graves para aquellas zonas que, como las regiones subárticas o las montañosas, siempre tuvieron una baja o muy baja densidad de población. Para otras mucho más al sur, que en el pasado presentaban un cierto equilibrio demográfico y poblacional, pero que padecieron un intenso cambio estructural que las vació, el futuro aún puede ser más incierto. Su despoblación radical y súbita, con generaciones inexistentes en estructuras demográficas truncadas y núcleos de población carentes de una masa crítica suficiente avecina un desmoronamiento territorial, social y económico inédito en la historia reciente de Europa.20160601_EP-036567A_PGC_0197 20160602_093216

Sobre este escenario sombrío cabe, es inevitable, encender la luz de las ideas, la ilustración del saber, inherente a Europa. Proponemos una reflexión, discusión y propuestas para acciones innovadoras que ayuden a incorporar al progreso general de Europa y del mundo a estos territorios sin futuro. Algunos aspectos que, sin ser exhaustivos, se pueden considerar:

  • El futuro del sector agrario, incorporando las innovaciones técnicas, organizativas y ambientales que propicien su encaje en la cadena de valor alimenticia, para que sea un sector líder en el medio rural.
  • El coste de las infraestructuras y servicios necesarios para el desarrollo económico y el bienestar de los pobladores de las zonas rurales en declive.
  • La formación, atracción y asentamiento de capital humano y emprendimiento en las zonas envejecidas.
  • La importancia de las políticas de igualdad, el papel de la mujer y el compromiso masculino en la conciliación de la vida laboral y familiar.
  • El apoyo a las diversas modalidades de familia y convivencia, aproximando sus deseos de descencencia a sus decisiones vitales. Las políticas migratorias.
  • El papel de un sector público transparente, participativo y eficaz en la provisión y mantenimiento de infraestructuras y servicios públicos básicos.
  • El fomento de las sinergias y complementariedad de las zonas urbanas y las rurales. Un medio rural de calidad necesita un sistema urbano robusto que vertebre el territorio.
  • El análisis de las experiencias desarrolladas en diversas zonas en declive o precariedad demográfica (la red NSPA, la experiencia de Escocia, etc.) y su posible adaptación para ser aplicadas en otras áreas.
  • Una reflexión crítica y abierta de los distintos grados de deterioro demográfico y económico y de los diferentes factores y condiciones de partida entre regiones afectadas.
  • Los efectos de determinados proyectos de gran impacto sobre el territorio (grandes embalses, minería, instalaciones nucleares, etc.).
  • La adaptación de la política de Cohesión Territorial de la Unión Europea y de sus Estados miembros a esta realidad hasta ahora no debidamente considerada.
  • El papel del patrimonio cultural material e inmaterial y del patrimonio paisajístico y natural.
  • El aprovechamiento de los recursos endógenos para generar nuevas actividades económicas.
  • El papel y las posibilidades de estos territorios en la consecución de los objetivos de sostenibilidad de la UE (descarbonización, generación de energías y otros recursos renovables, economía circular, etc.).
  • La capacidad potencial para el desarrollo de iniciativas empresariales y sociales novedosas, así como de innovación tecnológica.
  • Primar el talento, la tolerancia y el compromiso, de manera que las personas sean dueñas de su propio destino en comunidades abiertas e inclusivas, así en el medio rural como en el urbano.

There are large areas in the European Union with a low or very low population density. Some of them have never been very populated due to their extreme geographical and/or climatic conditions. Many other rural areas were fairly well populated, but the most vulnerable of them started losing population since the first Industrial Revolution, a trend which went faster and deeper when the process of urban expansion started in the second half of the twentieth century. Thus, a feedback spiral originated: population decreased as a result of emigration to more dynamic regions, resulting in declining markets; savings and resources (such as human capital) went away with migrants to other places; businesses received no new investments and lost competitiveness, resulting in new outlets of rural residents and a loss of attraction for immigrants or for those who left with the idea of returning some day to their hometowns.

Patterns of accumulation and imbalance thus prevailed in almost all Western countries during periods of intense structural change over the last century, contrary to the happy ending balance and convergence predicted by neoclassical growth models based solely on the market forces. The areas with structural difficulties, usually sparsely populated, exacerbated their economic, social and demographic imbalances, lacking a cohesive and coherent regional policy. At a later stage they were joined by other areas that also failed to diversify their economies enough and continued to rely mostly on an increasingly less profitable agriculture, a sector with a shrinking weight in the GDP of any developed country.20160602_123755

Population loss is caused by the migration of young people to more prosperous areas, looking for a life that they find difficult to live in their hometowns due to economic reasons but -what is sometimes more important- also by reasons related to the current values and the kind of ideas about professional success, wealth and welfare which are difficult to implement there. For the same reasons, no one will ever come from outside to replace them. Along with them go also away the fertile population, the young entrepreneurs, the ability to generate wealth and to introduce innovations and the possibility of providing services, infrastructure or the public and private profitable investments which are common in other places. But it is not only population what is lost; community bonds that transcend statistics and time, relationships, commitments, longings (most of which date back to long time ago) also disappear; a common heritage squandered in one single generation as a result of a myopic perspective. Those who remain in their homeland will find nobody to succeed them in their unprofitable farms and family businesses, and nobody will perpetuate the intangible heritage (cultural, linguistic, traditional) nor be concerned about the preservation and use of the tangible heritage (buildings, goods, agricultural landscapes, crafts).

No war or natural disaster has devastated these regions or displaced its inhabitants. However thousands of villages have been deserted or ruined during the longest period of peace and prosperity ever known in the history of Europe. Its few remaining inhabitants are not poor: their GDP per capita is usually higher than those of the poorest regions of the EU, and that is why they do not usually benefit from the funds and measures aimed at the less developed regions; their unemployment is clearly below average, as all those who lose their jobs leave the territory immediately, so funds for fighting the causes of unemployment do not reach them; they do not have significant industrial or urban areas, so practically no action to revitalize them ever reach their territories; their farms are located in mountainous and/or climatically adverse zones, run by people over 50 years of age who rarely will be replaced by any young farmer when they retire because production hardly yields profits; many other farmers abandoned their lands and sold out their cattle years ago in exchange for an income that would never be of use for anyone to take their relief when they die, for the Common Agricultural Policy has not proved to be the solution everybody expected. Communications and transport infrastructure is poor and broadband Internet and technological innovation only arrive (if at all) to these areas in the last place, when other territories have been widely benefitting from them for years. 20160601_181947

For that reason the criteria, resources and actions taken by the EU and Member States for decades to reduce regional imbalances (although have had overall positive results) have been ineffective in these territories hit by this disease. It simply was not in the diagnosis of problems and challenges aimed at by the regional policy and therefore were not either in the list of main tasks to undertake and objectives to be reached. One can say that these territories are true “shade areas” to where the full light of the policy of territorial cohesion has never got.

Depopulation and ageing are not but the result of an underlying problem that is economic, political and, especially, of values, of mentality. A problem which is exacerbated in the context of globalization and of a New Economy conducive to the almost exclusive concentration of the vast majority of the assets necessary for growth, creativity and entrepreneurship in urban areas and their nearby peripheries. This scenario poses very serious threats for those areas -such as mountainous or subarctic regions-, which always had a low or very low population density. For other areas further south that had a certain demographic balance in the past but suffered afterwards an intense structural change that took their youth away the future may still be even more uncertain. Their radical and sudden depopulation took away whole generations, truncated their demographic structures and emptied villages and towns. Now they lack sufficient critical mass and are on the verge of an unprecedented territorial, social and economic collapse in the recent history of Europe.20160601_191859

Against this gloomy background, it is inevitable to turn on the light of the ideas. We propose a reflection, discussion and proposals for innovative actions to help incorporate these territories with no future to the overall progress of Europe and the world. Some issues to be considered can be:

  • The future of the agricultural sector, incorporating technical, organizational and environmental innovations to increase its weigh in the food value chain, to be a leading sector in rural areas.
  • The cost of infrastructure and services necessary for the economic development and welfare of the inhabitants of rural areas in decline.
  • The creation, attraction and settlement of human capital and entrepreneurship in ageing areas.
  • The importance of equality policies, the role of women and male involvement in reconciling work and family life.
  • Support for various forms of family and coexistence, matching their desire to procreate with their professional decisions. Migration policies.
  • The role of a transparent, participatory and effective public sector in providing and maintaining basic infrastructure and public services.
  • Promoting synergies and complementarity between urban and rural areas. A quality rural environment needs a robust urban system to interact with the rest of the territory.
  • The analysis of experiences in different areas in decline or demographic vulnerability (the NSPA network, the experience of Scotland, etc.) and their possible adaptation to be applied in other areas.
  • A critical and open reflection on the different degrees of demographic and economic decline and on the different factors and preconditions between the regions concerned.
  • The consequences of certain projects of great impact on the territory (large dams, mining, nuclear facilities, etc.).
  • The adaptation of the Territorial Cohesion Policy of the European Union and its member States to cope with a problem so far not properly considered.
  • The role of cultural tangible and intangible heritage as well as the landscape and natural heritage.
  • The use of endogenous resources to generate new economic activities.
  • The role and possibilities of these territories in achieving sustainability objectives of the EU (decarbonisation, renewable energies and other resources, circular economy, etc.).
  • The potential for the development of new business and social initiatives and technological innovation capacity.
  • The promotion of talent, tolerance and responsibility, so that people become masters of their own destiny in open and inclusive communities in both rural and urban areas.
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